Una pareja emprendedora que hace negocio con Lebasi

“Porque siempre hemos sido equipo. En todos los negocios que hemos tenido siempre hemos sido equipo; cuando teníamos las discotecas (tiendas de discos) y cuando teníamos el abarrote, éramos equipo. Tenemos cualquier cosa y trabajamos juntos, así ha sido toda la vida”, es lo que responde Emma Peregrina cuando se le pregunta por qué ella y su esposo, Carlos Mauro, decidieron desarrollar el negocio de Lebasi juntos, en el cual llevan ya aproximadamente 15 años.

Aunque no han desarrollado tanto su negocio, la distribución del lactoserum suizo Lebasi ha representado para ellos el contar con un ingreso extra, el cual les permite estar un poco más tranquilos.

Emma, de 79 años de edad, explica que es un negocio que sí deja, pero como cualquier otro hay que esforzarse para obtener ganancias. “Sí nos ha dado satisfacciones: lo movemos, ganamos; no lo movemos, pues no ganamos, así son las ventas […] Sí nos ayuda, pero nosotros ya no hacemos planes para hacerlo crecer más o ya no le metemos mucho, porque ya a nuestra edad la fuerza no nos da”.

Y a pesar de esto, el matrimonio tiene clientes ya de muchos años, que no han dejado de consumir el producto desde la primera vez que se los ofrecieron. El estar al pendiente de cada uno de esos clientes, quienes de verdad confían en Lebasi, es algo que caracteriza el servicio y la atención de esta pareja de empresarios: “A veces ellos me hablan y me dicen cuándo les surto; pero a casi todos yo les voy calculando cuándo necesitan más producto según su última compra; luego, les marco para saludarlos y ver si les hace falta Lebasi. Estamos al pendiente de ellos”.

Emma y Carlos también cuentan con otros distribuidores, quienes aportan a su negocio y suman a las ganancias que reciben: “Tenemos 6 gentes establecidas a las que yo les vendo y ellos lo distribuyen. Los venden a muchos negocios y ya tenemos varios años trabajándolo así. Están ingresados a la compañía y les damos precio de mayoreo, nos hacen compras mensuales”.

Y aunque su labor de ventas no es tan ardua, mencionan que cada que alguna persona les platica sobre que padece una determinada enfermedad, ellos recomiendan el producto y explican cómo es que les puede ayudar a mejorar su condición.

“Les damos trípticos sobre la enfermedad que tienen y si tienen la facilidad de meterse a internet, les digo que revisen la página para que puedan encontrar más información. Hay clientes que sí deciden comprarnos, nosotros no forzamos a que se queden con el producto. Les deja uno la decisión a ellos. Yo soy la que trato más con el cliente y no me gusta forzarlo, que tengan la libertad de irse o quedarse, porque yo pienso que si se va a quedar es porque está verdaderamente convencido”.

También suelen preguntarles mucho por su propio estado de salud. Emma comenta que la gente se sorprende al verlos todavía muy activos y con energía (su esposo suma 89 años de edad); cuando les cuestionan qué toman o qué hacen para estar así, contestan que es por el lactoserum suizo Lebasi. Ambos lo consumen desde que lo conocieron y decidieron distribuirlo.

“A excepción de que a veces le duelen las rodillas a mi esposo, es un hombre muy sano. Yo tengo problemas de hipertensión, pero estoy súper controlada; y todo porque tomamos Lebasi. A mucha gente le sorprende que todavía a la edad de nosotros continuemos circulando y sí hemos visto beneficios porque nos sentimos fuertes y con energía”.

Carlos y Emma continúan distribuyendo este alimento porque saben que es bueno y que verdaderamente funciona, que ayuda a las personas enfermas a mejorar su calidad de vida.

 “Tenemos un cliente que nos compra desde que nosotros empezamos a vender: trabaja en una hielera y por el trabajo que hace debe usar botas de hule. Él tenía problemas en los pies, tiene diabetes tipo 2 y andaba cansado; Cuando empezó a tomar Lebasi, se le mejoró todo eso y está controlado de la diabetes”.

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Lo que Josefina ganó al consumir Lebasi

Hay veces que la vida nos sorprende, que nos da más de lo que nosotros pensamos que podemos obtener… Eso fue lo que le sucedió a la señora Josefina con el lactoserum suizo Lebasi, que compró solamente para ver si le podía ayudar a mitigar un poco el cansancio crónico que sentía, sobre todo en sus pies.

“Empecé a tomarlo en el 2005, recomendado por una amiga que también lo toma. Hasta ahorita yo lo sigo consumiendo, me lo tomo todos los días: me preparo dos cucharadas soperas en la mañana y le doy seguimiento durante todo el día. Para mí, el consumo de este alimento es una maravilla”.

Josefina relata que cuando recién conoció Lebasi, ella pasaba por una situación de salud difícil: se sentía muy cansada, tenía estreñimiento, dolor de huesos, un problema con la de tiroides y también se enfrentaba a la bronquitis asmática, enfermedad con la que lidiaba desde hace aproximadamente 20 años.

Cuando inició a consumir el lactoserum suizo, no esperaba obtener los excelentes resultados que logró, ya que el alimento le mejoró por completo su calidad de vida.

“Con un bote, en más o menos un mes, vi beneficios: ya no me fatigaba al caminar, empecé a ir bien al baño, a dormir mucho mejor, empecé a sentirme bien, a bajar talla, desinflar mi estómago. Cuando de verdad me empecé a dar cuenta de que el alimento sí me estaba funcionando fue a los 8 o 9 meses de estarlo tomando, porque ya no me agitaba, ya no tenía crisis de asma, ya no me daban alergias, gripa… Ahorita, ya llevo como 3 años que no visito a mi neumólogo por mi bronquitis asmática, porque me siento muy bien”.

También fue un gran apoyo con su diabetes. Menciona que este alimento le ha ayudado a controlar la glucosa en su sangre, además de que cuida mucho qué es lo que come.

Pero los beneficios que le dio Lebasi no se quedaron ahí. Tras ver que el alimento de verdad era muy benéfico, Josefina empezó a recomendarlo y decidió dedicarse a su distribución. Comenta que el arranque de su negocio con el lactoserum suizo fue muy fácil, porque la gente que la conocía se animaba a comprarlo cuando veía el bien que le había hecho a ella.

Obviamente, Josefina les hablaba de su experiencia y les explicaba por qué Lebasi era un buen producto: 100% natural, sin saborizantes ni colorantes, sin grasa ni azúcar y con 41 nutrientes que fortalecen a todo el organismo.

“Si quieren estar bien, sentirse bien, tener un buen sistema inmunológico, protegerse del cáncer, de una embolia, de un infarto; el alimento los va a ayudar bastante y más si lo toman todos los días. Les aconsejo a las personas que si están tomando algún medicamento para alguna enfermedad, lo importante es tomar el alimento por la mañana, que sea lo primero que se toman, y ya luego su desayuno y los medicamentos.”

Y aunque ya no realiza la exhaustiva labor de ventas que llevó a cabo en sus inicios como distribuidora, porque casi todo lo que vende es por pedidos que le hace la gente que ya conoce, dice que cada vez que sale a la calle y conoce a alguien enfermo o que se siente cansado, le recomienda el lactoserum suizo Lebasi.

“Cuando yo compro una caja, me da buenos resultados, sí lo vendo. Es un ingreso extra, porque tengo otro trabajo. Cuando ocupo hacer algún movimiento, yo ya tengo eso extra en mi guardado y de ahí aprovecho. Puedo emplearlo para alguna emergencia que tenga, por ejemplo”.

Ante los buenos resultados de Lebasi, Josefina ha decidido no dejarlo nunca; y toda su familia, como ella, lo consume diariamente.

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La tarjeta que cambió la vida de Thelma y su familia

Por una tarjeta en la que venían los datos de contacto para adquirirlo y hacer empresa con él, fue como Thelma conoció por primera vez el lactosuero suizo Lebasi. En esa ocasión, que sucedió hace 16 años, le dieron información sobre el producto; pero ella no se interesó mucho y lo único que hizo fue guardar la tarjeta.

Tiempo después, el destino volvió a encontrarla con este alimento lleno de bondades, en una visita que hizo a una familia. Nuevamente le hablaron sobre los beneficios que ofrecía Lebasi; sin embargo, lo que le llamó la atención en ese momento fue que podía iniciar un negocio por medio de la venta del lactoserum suizo. Ésa era una oportunidad para mejorar su situación económica, justamente lo que estaba buscando.

Ahora, cuando recuerda la historia de cómo conoció Lebasi, se dice estar más que satisfecha con los resultados, los cuales no sólo mide por las ganancias económicas, sino también por todas esas satisfacciones que le han dado las familias que consumen este alimento sano y rico en nutrientes.

“Con el paso de los años he visto lo que hace Lebasi, lo que me deja en cuanto a ganancias; pero lo que de verdad me entusiasma es ver cómo apoya a las personas enfermas. Lo que el producto les ayuda es lo que en realidad me motiva a seguir vendiendo”.

El comienzo que la llevó al éxito

Cuando volvió a encontrarse con el lactosuero suizo Lebasi, decidió inscribirse inmediatamente a la red de distribución con la caja de 24 botes, y para hacerlo contó con el apoyo de un patrocinador: don Toño Romero, su abuelo Lebasi.

Lo que más sorprendió a Thelma de su inicio fue lo rápido que consiguió vender el producto, y es que cuando lo recomendaba a las personas, éstas verdaderamente se motivaban a comprarlo por todos los beneficios que ofrecía. Después de ese comienzo, lo único que le quedó fue seguir creciendo en ventas.

“Lebasi deja muy buenas ganancias, es fácil de distribuir y es un producto que provoca muy buenos efectos. Empecé a venderlo en muchos pueblos de aquí de Morelia, donde hay mucha escasez, mucha pobreza y donde las familias necesitan un alimento que los nutra”.

Thelma, como buena distribuidora, también se dedicó a conocer más lo que vendía: inició a consumir el lactosuero suizo para vivir por cuenta propia los beneficios y compartirlos con sus clientes. Como todos los que han confiado en este alimento, pronto comenzó a notar los cambios.

“Yo antes me veía muy avejentada, tenía mi cutis muy manchado. Cuando comencé a tomar Lebasi, empecé a ver los cambios en mi piel. Ahora me veo mucho más radiante, tengo una piel más sana. También con la gastritis me ha ayudado, ya no tomo nada para eso más que Lebasi. Igualmente en esta casa, en mi familia, ya no existen los medicamentos, ya no los necesitamos, ya casi no vamos a visitar al doctor.”.

La distribuidora cuenta que antes comercializaba productos de una línea de cosméticos y que ninguno de los que llegó a probar logró darle los resultados que Lebasi le ha aportado.

“Tiene la ventaja de que te da belleza por dentro y por fuera; hace que te nutras mejor y te veas mejor, que te sientas bien. Además, lo puede tomar cualquier persona, toda la familia”.

Y otra de las ventajas que menciona es que es un producto hecho en Suiza, lo cual garantiza su calidad y hace que las personas confíen más en sus beneficios. “Hay una chica que se lo pone para mejorar la cicatrización, ya sea de quemaduras o de heridas. También lo consumió una persona con leucemia y le ayudó mucho con su enfermedad”, asegura.

Un negocio que la sorprendió

Thelma hizo crecer poco a poco y con mucho esfuerzo su negocio: pasó de distribuir los envases con lactosuero suizo a conformar su propia red de distribución, a la cual invitaba e inscribía a personas interesadas en consumir y comercializar este alimento. Así fue como crecieron sus ganancias y alcanzó varias metas que antes veía difíciles de lograr.

“En nuestra economía es fundamental, porque aquí en Morelia los sueldos están bajísimos y no nos alcanza para nada. Gracias a lo que nos ha dado Lebasi, mis hijos crecieron con su escuela, hemos logrado invertir en la casa, compramos muebles y también pudimos ir de vacaciones a Acapulco”.

Y es que explica que toda su familia está muy comprometida y agradecida con este alimento. Por ejemplo, su esposo, que es agrónomo, lo recomienda a cada persona que conoce y más cuando se da cuenta que padece de alguna enfermedad.

Ese mismo compromiso, Thelma lo busca transmitir a quienes conforman su red de distribución, dándoles a conocer las bondades del producto y guiándolos para que sus ventas vayan por buen camino; algo que también el corporativo de Lebasi les ayuda a lograr, puesto que siempre cuentan con asesoría y seguimiento en el desarrollo de su empresa.

“Agradezco mucho a Lebasi. Una tarjeta fue lo que me hizo conocer el producto y cuando los necesité para empezar mi negocio, los empecé a buscar gracias a esa tarjeta. En ese momento, yo buscaba sólo lo económico, no la belleza y la salud; pero al final también logré tener todo eso”.

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Sin buscarlo y poco a poco, Flora hizo negocio con Lebasi

Hace 20 años, la señora Flora pasaba por una situación complicada. Se encontraba en el Hospital de La Raza porque una de sus hijas, María Isabel, estaba internada debido a una enfermedad que desde hace tiempo padecía: púrpura trombociptopénica crónica.

Flora cuenta que en ese lugar se realizó una plática acerca de la importancia que tienen las vitaminas, minerales y aminoácidos en el organismo, y también ahí fue donde le recomendaron el lactosuero suizo Lebasi, porque era un alimento que aportaba todos estos nutrientes. Así fue como se decidió a comprarlo y probarlo, sobre todo para ver si podía ayudar a mejorar la salud de su hija.

“Yo conocí Lebasi hace 20 años. Lo fui a comprar a Chapultepec, antes estaban ahí, y cuando llegué había una fila bárbara y no alcancé. Se agotaron muy rápido y cada vez que iba era lo mismo. Luego nos dijeron que el producto llegaba primero a Aguascalientes y hasta allá fui a comprarlo”.

Primero, sólo adquirió un envase y cuando verificó por ella misma que en verdad funcionaba, decidió comprar más producto y hacerlo regularmente.

“Yo compraba la caja porque nos dijeron que así la vendían, pero no me inscribí como distribuidora. Se lo empecé a dar a mi hija y vi que funcionó bien: cuando me llegaron los estudios, la doctora me decía subió una décima, dos décimas y eso a mí me daba mucha felicidad; aparte de que yo veía que ya comía, dormía, ya no era tan peleonera y todo eso a mí me ayudó. Se veía más feliz”.

Hasta ese momento, no había considerado vender ella misma el producto; pero con el tiempo, las propias bondades de este alimento hicieron que, sin buscarlo y poco a poco, fuera haciéndose de algunos compradores, quienes la buscaban para que les vendiera algún bote de la caja que adquiría para el consumo de ella y sus hijas.

“Yo no vendía, yo nada más lo compraba para nosotras. Mis hermanos me pedían una lata y se las daba o a veces se las vendía. Y así empezaron ellos pedirme otra y otra lata. Después fue el vecino, el amigo y todos lo que vivían cerquita. Hasta que dije: ‘pues si ya lo conozco, por qué no me lanzo de verdad a hacer lo que realmente conozco y quiero hacer. Como ya conocía muy bien el producto, me sentía con mucha más seguridad para venderlo”.

Un negocio que le dio más dinero y más tiempo con la familia

Lo que hizo que Flora se decidiera por completo a comenzar su negocio con el lactosuero suizo Lebasi fue que le brindaba la oportunidad de mejorar su situación económica sin descuidar a sus hijas, que es lo más importante para ella. La distribuidora cuenta que en algunos de los trabajos que desempeñó el salario era muy bajo y que, además de eso, debía de cumplir un horario extenso que no le permitía cuidar a su familia.

Comenta que, al ser un alimento natural, rico en nutrientes y con la calidad de lo hecho en Suiza, el producto es fácil de vender y que el negocio es muy noble, ya que le permite tener libertad para desarrollarlo en cualquier momento y cómo ella lo crea mejor.

“Puedes hacer dos o tres cosas a la misma vez que estás haciendo lo tuyo. Vas a las tortillas y ahí lo promueves, vas al mercado y ahí lo promueves, donde quieras vas dejando tarjetitas y no quitas el dedo del renglón, así que sin querer la gente te termina hablando. De hecho, ya mucha gente lo conoce, pero no les dieron seguimiento; entonces es donde entras tú y vuelves a captar ese cliente”.

Otros de los beneficios que ha obtenido mediante su negocio con Lebasi ha sido la independencia económica, es decir, el generar su propio dinero sin tener que depender de algún jefe y disponer de las ganancias como ella lo prefiera; un entorno familiar más tranquilo en cuanto a la economía, puesto que ya no es una preocupación el no tener dinero; el ahorrar cada vez más para su vejez, y por último, sentirse una persona útil, productiva, a pesar de que ya sea mayor.

Flora también menciona que Lebasi le ha brindado herramientas para desarrollar con más facilidad sus ventas y echarle más ganas cada día para crecer. Algo que la mantiene muy feliz es que no para de aprender sobre nutrición y sobre negocios.

“Cuando vas a las juntas que tenemos los distribuidores, te das cuenta de que todos los días aprendes algo, ya sea de la gente que va a escuchar o de la gente que va a dar los cursos. […] Que tengamos los apoyos, los incentivos cuenta mucho porque es una herramienta que nos motiva para trabajar. También, nos marcan para darnos seguimiento, para ver cómo vamos con nuestras ventas, o sea, no estamos solos”.

La distribuidora dice que ahora su principal meta es mantenerse sana y feliz, y que Lebasi le ha ayudado mucho en esto. Por esta razón, quiere que cada vez más personas consuman este alimento tan benéfico para el organismo, completamente natural, sin conservadores ni saborizantes y que es muy económico:

“Otros productos salen carísimos, y uno es para el riñón, otro para el hígado, otro para el corazón… total, una infinidad de productos; el lactosuero suizo Lebasi sólo es uno y es para todo, y para todos”.

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